En este mural que se comienza a realizar a fines de 1975 y se termina en el mes de marzo de 1976, trabajan madres, esposas y hermanas de detenidos desaparecidos reunidas bajo el alero del Comité para la Paz en Chile. Cada arpillera que compone el mural, representa las vivencias y sufrimientos de los familiares una vez que han perdido a uno de los suyos, la detención, la búsqueda, la solidaridad con otros familiares, la falta de justicia, la angustia y el dolor. Es en este grupo en donde podemos encontrar el germen de la arpillera de denuncia, aquella que traspasa las fronteras para comunicar el drama de los detenidos desaparecidos, la tortura y el silencio de un pueblo que sufre y que necesita dar a conocer su clamor.